EL CONCEPTO DE ENERGÍA EN FILOSOFÍA GRIEGA

El concepto de energía, tal y como lo concebimos hoy, es un concepto que se utiliza cuando estudiamos cualquier fenómeno físico. En física hablamos de energías: térmica, eléctrica, eólica, luminosa, hidráulica, química o nuclear. Incluso, a partir de los trabajos de S. Freud (1856-1939) y C. Jung (1875-1961), se han configurado algunas corrientes de la psicología que formulan, con una clara extensión del concepto, la existencia de una energía emocional o espiritual, la libido, que se concibe como una fuerza vital dinámica y transformadora. La libido de la psicología es una energía que alimenta las actividades tanto conscientes como inconscientes. La psicología energética ha unido la psicología clínica de Freud y Jung con prácticas orientales para desbloquear inquietudes, trastornos y emociones reprimidas y vencer el estrés.

La palabra energía aparece en la metafísica Aristóteles con un significado diferente al actual. En lugar de referirse a la energía como a una fuerza física o combustible, los griegos optaron por el significado que se desprende claramente de la etimología de la palabra. La palabra energía (enérgeia, ἐνέργεια) está formada por tres raíces: el prefijo en (que significa dentro de), érgon (que significa trabajo, acción) y el sufijo ía (que indica cualidad), por lo que energía significa en Aristóteles estar en acción o actividad.

La energía era para Aristóteles un concepto metafísico, puramente lógico, para formular su teoría del movimiento, como paso del ser en potencia al ser en acto. (por ejemplo, el paso de ser almendra a ser árbol. La energía representaba la idea de algo (una fuerza transformadora) que debía existir, que manifestaba su influencia, pero que no se localizaba físicamente ni en su origen (la almendra) ni en su final (árbol), que eran materia. La energía era algo diferente de la materia y con propiedades distintas a la misma, que sólo se detectaba por sus efectos. La energía permanecía oculta en el paso del ser en potencia a ser en acto, pero, indudablemente, algo debía haber, porque no hay efecto sin causa,

Aristóteles asociaba ese movimiento impulsor o transformación al concepto de energía. Es decir, como escribió en su Física, que ese movimiento era la energía de un ente en potencia en cuanto se permanecía en potencia. Aprovechando su propia definición: para Aristóteles el movimiento es el acto ¦de lo se mueve en tanto que tal y ese movimiento lo asocia con la energía.

A la energía había que darle una representación o fundamentación concreta, ya fuera conceptual o filosófica y buscar lo que en un sentido amplio podríamos llamar sustancia o fundamento. Era lo que los griegos llamaban hipostasia o proceso de reificación y consistía en dar existencia real a un concepto abstracto, a una idea o a una cualidad mental. La palabra hipóstasis procede del griego ὑπόστασις (hipóstasis), que significa fundamento, o estado de ser.  El término se utilizaba en textos filosóficos para referirse a la existencia concreta de una cosa. Formalmente, hipóstasis significaba el estado subyacente o sustancia subyacente y era la realidad fundamental que sostenía todo lo demás

El neoplatónico Plotino (205-270) tomó como hipóstasis del alma, al intelecto (nous) y, cuando en el siglo XVII surgió el concepto de energía en la ciencia, la energía apareció asociada al movimiento, por ende, a la velocidad y a la energía cinética.

Para Aristóteles la energía significaba poder o potencia (la posibilidad y la realidad del movimiento)

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