LA TÉCNICA Y LA ORGANIZACIÓN POLÍTICO- SOCIAL

El hombre no es nada sin tecnología: José Ortega y Gasset (1883-1955) en su obra de Meditación de la técnica (1938), el significado y de lo que la técnica ha supuesto para la supervivencia de la especie humana. Ortega que argumenta que la técnica es algo que va unido al hombre y que no habría habido hombre sin técnica. Y dice que el hombre ha necesitado modificar la naturaleza de su entorno y mantener su acción sobre ella. En suma, Ortega concluye que sin técnica no hay hombre y que la técnica está pegada al hombre como una segunda piel formando parte de su propia naturaleza.

El jabalí, el corzo, el lobo, la rata o la serpiente se adaptaron a su medio o, al menos, no se dedicaron a modificarlo, mientras que el hombre, quizás, por nacer más desprotegido y dependiente que otros animales, ha tratado de transformar su medio para hacerlo más habitable para él. Es decir, el ser humano ha utilizado unos ingeniosos recursos para sobrevivir en un mundo que no le era favorable. Con la técnica el hombre trató de amoldar el medio a sus necesidades. Hasta el punto que, sin esa rectificación del medio natural, el hombre no hubiera podido sobrevivir.

Esas modificaciones técnicas del medio no fueron algo accidental a la condición humana, no eran cambios que se podían cambiar o prescindir de ellos según las circunstancias y los fines que se persiguieran.  Se trataba de cambios, realizados nuestro medio, necesarios para mantenernos vivos y de construir un lugar amigable para el desarrollo humano, superpuesto a la naturaleza, en el que el ser humano pudiera habitar y encontrar su bienestar. Se trataba, en suma, en terminología de Ortega, de la base sustancial de nuestra circunstancia vital. (Yo soy yo y mis circunstancias). A este nivel era absolutamente necesario una organización social, en este caso llegó a ser de carácter global.

La combinación de técnica y organización política ha sido el eje central del nacimiento del estado a lo largo de la historia. En el siglo IV a. C., en Uruk, la primera gran ciudad de la historia sumeria en la antigua Mesopotamia se estableció una clara relación entre la innovación tecnológica y la estructura política y dieron lugar a la primera civilización urbana de la historia. Marcando el paso de las sociedades tribales a un tipo de estado bien estructurado.

En Uruk apareció un Estado teocrático: presidido por la figura de un rey-sacerdote al que se consideraba intermediario entre los dioses y el pueblo. El complejo del templo- palacio era un espacio religioso y, además el órgano económico y político en el que se centralizaban, almacenaban y redistribuían los recursos del territorio.

En estas sociedades las relaciones políticas dejaron de basarse enteramente en la consanguinidad o clanes tribales y pasaron a definirse por la sumisión a un poder estatal central, por otra parte, de la complejidad progresiva dio lugar a la aparición de una casta de funcionarios y escribas encargados de administrar las tierras, organizar los turnos de trabajo colectivo y gestionar los tributos de la población.

El control político de Uruk no habría sido posible sin un potente despliegue de técnicas de producción estandarizadas. Se extendió el uso del torno de alfarero y surgieron los cuencos de borde biselado. Que eran vasijas fabricadas en molde en grandes cantidades, utilizadas por el Estado para distribuir raciones estandarizadas de grano o cerveza a los trabajadores. El perfeccionamiento de la metalurgia del bronce permitió fabricar instrumentos más fuertes para trabajar la tierra. Realizaron grandes para desviar las aguas del Tigris y del Éufrates, multiplicando las producciones agrícolas para la alimentar sobradamente población el sostener el aparato político.

Para administrar la producción de la nueva economía, hacia el año del 3.300 a. C. nació la escritura cuneiforme en tablillas de arcilla. La invención de la Escritura no surgió con fines literarios ni científicos, sino como una herramienta de contabilidad y de control político para registrar impuestos y propiedades del templo-palacio.

Los historiadores mantienen que, en Uruk, la técnica y la política fueron actividades sincronizadas. El avance de la técnica en sus múltiples facetas (la escritura, la metalurgia, la alfarería o en arquitectura) proporcionó al Estado las herramientas necesarias para vigilar, medir y dominar la producción y, a su vez, el proyecto político subvencionaba a los artesanos y los especialistas de los talleres reales para desarrollar dichas innovaciones. La técnica favoreció al Estado y éste protegió, de alguna forma, a la técnica.

Varios siglos después, los romanos tuvieron un desarrollo asombroso de las técnicas. En su expansión por casi todo el mundo conocido, aprovecharon las buenas ideas observaron, las potenciaron y las desarrollaron. Probablemente, de todas las avances técnicos en los materiales de construcción, que tuvo mucha trascendencia y evolucionó en el mundo romano fue el hormigón, que ya se conocía en tiempo de los romanos y no fue una idea estrictamente romana, ya que, tanto los griegos antiguos de la Magna Grecia, como la población de la Campania (la región suroeste de Italia donde se habían asentado los griegos y los etruscos) ya utilizaban este materia en sus paredes de piedra desde el siglo IV a.C. Tampoco inventaron los acueductos, pero construyeron multitud de ellos a una escala gigantesca; para los que se valían de la fuerza de gravedad y mediante mínimas inclinaciones precisas podían llevar millones de litros de agua desde manantiales lejanos hasta las ciudades.

Para transportar agua también utilizaron el sifón invertido que permitía pasar el agua por valles extremadamente profundos mediante tuberías de plomo o piedra. El flujo constante de agua alimentaba baños públicos, fuentes urbanas y el sistema de alcantarillado (como la  cloaca máxima de Roma).

Las vías romanas fueron un elemento vital para la civilización romana porque fueron esenciales en su expansión una vez pacificados los nuevos territorios conquistados; las vías eran las arterias del imperio por las que circulaban militares y civiles, así como comerciantes y viajeros y eran transmisores de bienes y servicios, que abastecían las diferentes ciudades. En el mundo romano se construyeron muchas calzadas; a Roma llegaban desde todos los puntos cardinales unas 30 vías. En el siglo II d.C. a red contaba con unos 400.000 kilómetros de calzadas (para dar diez veces la vuelta al mundo) que atravesaban el imperio en todas direcciones, de Britania a Mesopotamia y de Rumanía al Sahara.

  1. Plutarco (46 – 120) recoge en la su obra Vidas paralelas una descripción realizada por Cayo Graco (154-121) sobre las vías romanas en los años en que este político fue tribuno del pueblo, y dice que Cayo Graco «puso su principal empeño en la construcción de caminos, compaginando la belleza y la utilidad. Porque los caminos se trazaban atravesando el terreno en línea recta, sin vueltas ni rodeos, y sus cimientos eran de piedra cortada, reforzada con capas de arena o guijo apisonadas. Las depresiones se rellenaban y se construían puentes sobre los torrentes y arroyos, ambos lados con misma altura, y éstos siempre paralelos, de manera que toda la obra presentaba un aspecto uniforme y bello

Estas  grandes obras técnicas  de ingeniería civil las utilizó Roma para unificar y controlar sus vastos territorios mediante redes de calzadas, acueductos, puentes y fortificaciones.

En todas estas obras publicas dejaron constancia de su inmensa capacidad técnica. En los acueductos construyeron arcadas monumentales, estructuras de arcos de piedra o ladrillo superpuestos que permitían salvar grandes valles manteniendo el nivel del agua constante.

La técnica de la construcción estructura de las calzadas era echa para durar. No eran meros caminos de tierra. Se construían excavando una profunda zanja que se rellenaba con varias capas de materiales compactados (statumen, rudus, nucleus) que se  cubrían con  un pavimento liso de grandes piedras (pavimentum) diseñado para drenar el agua de lluvia.

También es destacable la construcción de puentes de arco de medio punto de piedra, diseñados para soportar las mayores crecidas de los ríos. El arco distribuía las cargas hacia los pilares, cimentados en los lechos de los ríos mediante ataguías secas.

La gran duración de las estructuras romanas se debe a las innovadoras técnicas de construcción. Se utilizó el hormigón romano (Opus caementicium) que era mezcla de cal, arena, agua y un ingrediente secreto: la ceniza volcánica (puzolana), traída de Catania. Este compuesto permitía el fraguado del hormigón incluso bajo el agua y era ideal para puertos y pilares de puentes. El dominio de las técnicas arquitectónicas con hormigón tiene un exponente máximo en la construcción de cúpulas y bóvedas, donde mostraron su dominio en la distribución de cargas espaciales, culminando en hitos de la arquitectura como la grandiosa cúpula de hormigón del Panteón de Roma.

También utilizaron grúas y poleas mecánicas y diseñaron complejas máquinas elevadoras de tracción humana, como la grúa de rueda de ardilla, capaz de levantar bloques de piedra de gran tamaño. Todas estas actividades y la organización social están recogida en el Derecho Romano, que marcaba las actividades sociales en la inmensidad del Imperio romano.

Con la caída del imperio romano de Occidente el año 476 d. C., cuando el jefe bárbaro Odoacro 433-493) depuso al último emperador romano, Rómulo Augusto (Augústulo). Las grandes construcciones civiles dejaron de ser capitaneadas por el estado y apareció el feudalismo con la fragmentación del poder, que sentaron las bases de la organización política en la Edad Media. Pero la técnica, con su función de favorecer la adaptación al medio del ser humano, siguió avanzando de manera lenta pero transformadora en la agricultura y el trabajo manual.

Con el poder central desaparecido, el poder imperial y se dividió entre reyes, duques, condes y señores feudales y una iglesia omnipresente y vigilante. Surgió una sociedad a cambio de auxilio militar y de consejo y las tierras de los nobles las trabajaban los siervos. En este sistema se formó una sociedad estamental en tres órdenes rígidos: la nobleza (que defendía), el clero (que rezaba) y los siervos o campesinado (que trabajaba)

En la Edad Media se produjo una revolución agrícola, desde el punto de vista técnico se utilizó el arado de vertedera de hierro, estableció el sistema de rotación trienal de cultivos (alternar tres campos) y el uso de herraduras y colleras para los caballos de carga, Se utilizaron las energías hidráulica y eólica y se construyeron molinos de agua y de viento para moler grano y mover telares o fraguas, ahorrando esfuerzo humano. En arquitectura y construcción se mejoró de la técnica del corte en la piedra que dio paso al arte románico y, posteriormente, al gótico con el uso de arbotantes y ojivas para levantar catedrales altas. Mejoraron las técnicas de metalurgia para hacer arados, picos azuelas, la navegación con la brújula y la producción textil, impulsando el renacimiento de las ciudades y los mercados.

El surgimiento de la burguesía medieval está profundamente relacionado con el auge económico y el consiguiente renacimiento urbano que acontece en Europa a partir del siglo XI. Muchos campesinos se trasladan a las ciudades.  En las ciudades vivían muchos tipos sociales, entre los más desfavorecidos y la clase social de las familias más adineradas, poderosas y de la alta nobleza apareció un conjunto de artesanos y mercaderes de diversa índole, unidos por una característica principal consistía en su condición de libres o que, por lo menos, no estaban sujetos a los mismos compromisos que los campesinos. Sus particulares actividades en el mundo de la técnica les permitió despegarse del oprimido campesinado del mundo feudal.

Los reyes y nobles, necesitaban incentivar  a la vez el desarrollo urbano en sus dominios, fomentando la labor de los artesanos, comercio tanto local como exterior y  dotando a las ciudades de cierta autonomía, en base a fueros y otras concesiones, que beneficiaban  a los señores, al rey, y a las  a las elites urbanas locales, entre las que estaban los artesanos, que se asociarían en gremios que con el tiempo, participarían en  estas asambleas, reivindicarán mayor autonomía judicial y administrativa para sus ciudades. En la Baja Edad Media aparecieron instituciones como las Cortes o los Parlamentos para negociar impuestos y debatir asuntos del reino.

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