EL GERMEN COPERNICANO EN LA CIENCIA MODERNA

La propuesta de Copérnico no era una teoría perfectamente elaborada desde el punto de vista técnico, ni completa ya que no hablaba de órbitas elípticas, (para describir sus orbitas necesitaba hacer uso de las llamadas excéntricas) y tampoco eliminaba totalmente los círculos epiciclos y deferentes de Ptolomeo, además, mantenía la esfera de las estrellas fijas y, por tanto, conservaba la idea de un universo limitado por esa esfera, aunque más grande. Sin embargo, el copernicanismo se fue abriendo paso lentamente durante un siglo y desbancó a la astronomía de Ptlomeo que había sido aceptada durante más de quinces siglos  ¿Qué tenía la teoría copernicana que atrajo a los astrónomos?:

Las razones de este avance fueron varias, unas razones técnicas fueron que el heliocentrismo y los planetas girando alrededor del Sol explicaban de forma simple el movimiento retrógrado de los planetas como un efecto del movimiento de rotación de la Tierra alrededor del Sol. También permitía establecer un orden coherente de los planetas y explicaba por qué Mercurio y Venus se observaban siempre cerca del Sol. Justificaba el movimiento diario del cielo mediante la rotación de la Tierra, evitando que toda la maquinaria del universo girase alrededor de ella. Por otra parte, El aparato matemático para hacer determinaciones astronómicas tenía mayor unidad y elegancia matemática que el del sistema geocéntrico (eliminaba artificios geométricos del modelo de Ptolomeo, como el ecuante).

Otra cuestión nada desdeñable fue que el sistema copernicano se apoyaba en la idea filosófica y estética de un cosmos ordenado con el astro más importante, el Sol, en el centro. En suma, el sistema copernicano arrancó con fuerza, por estas razones y otras que veremos más que por una superioridad empírica inmediata, gracias a una suma de razones conceptuales, metodológicas y culturales.

Pero, seguramente, lo más destacado sería que el copernicanismo separó el aparato matemático de la realidad física. El constructo geométrico en la astronomía de Ptolomeo estaba elaborado artificiosamente para salvar las apariencias y empleaba las matemáticas para hacer predicciones astronómicas, sin preocuparse si el nuevo círculo deferente que añadían formaba parte de la trayectoria descrita por el planeta.

La estructura ptolemaica de los cielos fue aceptada por la iglesia y la teoría copernicana tenía aspectos que las iglesias, tanto católica como protestante, no las aceptaban y eran censuradas e incluso perseguidas.   Por esa razón, en el prólogo que escribió A. Osiander (1498-1552) para Revolutionibus (1543), presentó el sistema copernicano como una hipótesis matemática global, no como una física real y completa del mundo.  En esta fase inicial del sistema copernicano no pretendía explicar por qué se movían los astros, sino cómo describir sus movimientos de forma coherente.

Aplicar las matemáticas a la búsqueda de las  trayectorias reales de los planetas abrió la puerta a que grandes astrónomos trataran de calcular las órbitas reales de los planetas. J. Kepler (1571-1630),  que calculó la órbita de Marte con datos reales (las mediciones de T. Brahe (1546-1601) y determinó que la trayectoria real del planeta era una elipse con lo que eliminaba la maraña de circunferencias de la astronomía de Ptolomeo. Kepler  publicó este resultado  en su libro Astronomía Nova (1609) y la obra fue fundamental por romper con la astronomía antigua al demostrar que los planetas orbitaban el Sol en elipses (1ª Ley) y no a velocidad (lineal) constante (2ª Ley).

El copernicanismo cambiaba el marco explicativo, no únicamente en los detalles, es decir, inicialmente el heliocentrismo no resolvía todos los problemas, pero reordenaba el sistema a partir de un principio simple: un solo centro el Sol y plantea como movimientos relativos en lugar de movimientos aparentes complicados.

El nuevo planteamiento aportaba algo más: hacía que muchos problemas pendientes parecieran más ajustes que se realizarán en un futuro, que fallos estructurales. Seguramente se aceptó porque, en ciencia, un buen marco teórico vale más que un modelo perfectamente cerrado. Frente a esto, el sistema ptolemaico parecía cada vez más artificial; una teoría sostenida por parches.

Otro astrónomo fundamental para la implantación de las tesis copernicanas fue Galileo Galilei (1564-1642). El año 1610 fue crucial para la astronomía. Observando el firmamento con un telescopio comprobó que Venus atravesaba un ciclo completo de fases (similar a la Luna), lo que invalidaba el modelo geocéntrico ptolemaico, ya que proporcionaba la primera prueba empírica contundente de que los planetas orbitan alrededor del Sol. Las observaciones con telescopio fueron importantes por los descubrimientos que se realizaron en el estudio de los cielos y porque se multiplicaron las observaciones que se realizaron. Se llegó a decir que en una persona con un telescopio había un astrónomo.

Galileo realizó una aportación fundamental la Ley de Inercia fundamental en la física clásica, fue desarrollada inicialmente por Galileo Galilei mediante experimentos con planos inclinados, donde propuso que un cuerpo en movimiento horizontal tiende a mantener su estado indefinidamente si no hay fricción.

René Descartes perfeccionó este concepto, estableciendo en ausencia de fuerzas exteriores que los cuerpos tienden a mantener su estado de movimiento o de reposo en línea recta y a velocidad constante, eliminando la necesidad de que el movimiento fuera circular.

Había argumentos de que si la Tierra se movía todo salía disparado. (argumento de Galileo) El libro de Galileo de 1632 Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo consideró (Segundo Día) todos los argumentos comunes entonces vigentes contra la idea de que la Tierra se movía. Para refutar tales argumentos, el libro observa que una persona en un barco en movimiento uniforme no tiene sentido del movimiento, y que, por lo tanto, una bala de cañón lanzada desde lo alto del mástil caería directamente al pie del propio mástil. y las moscas continuarán sus vuelos indiferentemente hacia todos lados, sin que jamás se concentren en la popa, como cansadas de seguir el rumbo del barco.

Newton  completó lo que faltaba de la teoría a partir de la ley de inercia a la que puso como primera ley de su dinámica, que indicaba  que el efecto de una fuerza sobre un cuerpo no era mantener su estado de movimiento, como suponía la física aristotélica, sino cambiarlo, aunque la manera como las fuerzas cambiaban a los movimientos no estaba clara. Esto fue establecido por Newton como la segunda ley del movimiento, la cual dice que cuando una fuerza actúa sobre un cuerpo, el movimiento del cuerpo se altera de tal manera que la variación de su cantidad de movimiento es igual a la fuerza que actúa sobre él y este cambio se produce en la misma dirección que la fuerza.

El arranque del copernicanismo fue más la presentación de un programa de investigación en el sentido de I. Lakatos (1922-1974), que una teoría cerrada. Era una teoría fértil que generaba nuevas preguntas y producía problemas nuevos, pero abordables. La nueva teoría invitaba a revisar nociones como movimiento, reposo, centro y cosmos. El copernicanismo se mostraba como una teoría fuerte que organizaba bien los problemas que se iban presentando.

El copernicanismo encajaba en un cambio cultural más amplio: conectó con el humanismo renacentista, que recuperaba los modelos matemáticos griegos y la idea de un cosmos gobernado por leyes simples y racionales, lo que lo convirtió no sólo en una revolución científica, sino también en una revolución intelectual y filosófica.

En el primer momento la implantación los defectos no eran decisivos, el copernicanismo  dejaba cuestiones abiertas (órbitas circulares, universo cerrado, falta de paralaje estelar). No había observaciones lo bastante precisas para refutarlo. Por eso, el debate no se resolvía por datos, sino por potencia explicativa y coherencia.

En síntesis, el heliocentrismo tuvo fuerza no porque fuera una teoría completa bien definida, sino porque ofrecía un principio organizador más simple, más unificado y más prometedor que el anterior. Desde un punto de vista filosófico e historiográfico, la fuerza del copernicanismo no residió en que ofreciera una teoría acabada, sino en que inauguró un nuevo modo de estudiar el cosmos.

Desde el punto de vista histórico, el valor del heliocentrismo radica en su carácter metodológico. Copérnico rompió con la exigencia aristotélica de que la astronomía sea una prolongación directa de la física, y concedió autonomía a la construcción matemática del mundo. El cosmos dejó de ser una jerarquía cualitativa cerrada y pasó a concebirse como un sistema gobernado por relaciones cuantificables. En este sentido, sus lagunas no eran fallos, sino el hueco de una abstracción necesaria para la emergencia de la ciencia moderna.

Desde una lectura más filosófica, el copernicanismo posee una fuerza simbólica decisiva: quitó del centro al ser humano y disolvió la idea de un centro absoluto del universo. Esa pérdida de centralidad favoreció la oportunidad de pensar un mundo regido por leyes universales y no por privilegios ontológicos.

En suma, el punto de partida copernicano fue vigoroso porque redefinió lo que se consideraban como explicaciones de los hechos, así como los problemas que había que resolver y qué tipo de respuestas se esperaban en la solución de esos problemas. Su éxito consistió en haber ser la primera piedra de una teoría completa y cerrada alternativa a la de Aristóteles y Ptolomeo, pero sobre todo ser un punto de partida sólido capaz de abrir un nuevo horizonte de accesibilidad y transparencia científicas.

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