
El conocimiento humano, en su concepción más primitiva, se refiere a las diferentes formas de entender el mundo. Los primeros pasos de aproximación al conocimiento de la realidad circundante están impregnados de creencias y de otras convicciones mágicas y simbólicas. Las explicaciones de los fenómenos físicos y de la vida misma se basaban más en posiciones místicas, augurios y profecías, que en el razonamiento lógico y en el análisis racional de los fenómenos naturales.
En las sociedades primitivas, las explicaciones mágicas y los mitos daban un sentido y, en ocasiones, una finalidad a los fenómenos naturales y a la vida, además aportaban una cierta estabilidad y seguridad psíquica a los individuos ya que daban una respuesta a preguntas existenciales.
Las creencias religiosas ofrecían un marco para explicar el mundo a través de prácticas y creencias compartidas por un grupo social. Resumiendo: los primeros enfoques del conocimiento humano tenían un sentido práctico y pragmático y, aunque partían de la experiencia sensorial y del sentido común, el conocimiento estaba complementado por relatos mitológicos, por la magia y por visiones religiosas que encuadraban la vida cotidiana y configuraban la visión del mundo. La mezcolanza aportaba un relato convincente y, aunque alejado de la experiencia real y anclada en el mundo subjetivo, su relación con contexto cultural, social y la inserción en las prácticas y cotidianas fue fundamental para supervivencia y la organización comunitaria.
Por otro lado, desde la Grecia antigua desde el siglo VI a. C se distinguían, al menos, dos formas diferentes de conocimiento: El Episteme, que en latín se tradujo por scientia, que era el conocimiento verdadero, bien fundamentado, elaborado racionalmente y apoyado en evidencias físicas demostrables y era un saber explicativo (sin recurrir al mito ni a la religión), sistemático, metódico y crítico. Por otro lado, estaba el tipo de sabiduría doxa, palabra que se ha traducido por opinión que consistía en un tipo de cultura más superficial, vinculada a la percepción sensorial, primaria e ingenua; el término doxa con el paso del tiempo pasó a significar un conocimiento con el que no se alcanzaba certidumbre precisión ni una justificación rigurosa.

Con el paso del tiempo, el conocimiento práctico alcanzó cierto nivel de abstracción. Las prácticas de los agrimensores egipcios y babilonios se transformaron en una ciencia deductiva que es la geometría. La agrimensura constituía más un arte que una ciencia y, por su escaso y rudimentario contenido abstracto no merecía el apelativo de ciencia de la extensión con que hoy se la distingue. El proceso comenzó por las tareas que tenían cada año los agrimensores egipcios después de cada crecida anual del Nilo que borraba los límites de las parcelas y tenían que replantear sus límites, los agrimensores necesitaban ángulos rectos y lo consiguieron empleando secuencias de tres números que formaban triángulos rectángulos (3, 4, 5), (5, 12, 13)…, conocidos como ternas pitagóricas; igualmente los babilonios, como atestiguan las tablillas de arcilla encontradas en sus yacimiento arqueológicos, necesitaban trazar ángulos rectos para abordar problemas de canalización y de construcción.
En algunas ramas del saber se alcanzó antes un cierto nivel de abstracción. Un ejemplo del nivel alcanzado por los griegos fue la formulación del famoso teorema de Pitágoras (582-500 a.C.), descubierto por el filósofo griego que nacería más de mil años más tarde y que marcaría el paso del sistema de agrimensores a un sistema deductivo basado en la razón, la lógica y la demostración formal que cristalizaría en la geometría de Euclides (325-265 a.C.). Creando un nuevo enfoque que permitía construir la geometría entera a partir de unos axiomas, de unas nociones comunes y del uso de la lógica. Los Elementos de Euclides representan un modelo para el razonamiento científico y mostrando un patrón o prototipo deductivo para aplicar en otras áreas.
Los filósofos racionalistas consideraban el método deductivo euclidiano como el sistema ideal para las argumentaciones sólidas y la axiomatización de la geometría. La capacidad de demostrar las proposiciones geométricas a partir de definiciones bien establecidas les pareció el modelo más perfecto. Así que, algunos filósofos racionalistas del siglo XVII, entre ellos R. Descartes (1596-1650) en sus Principia philosophiae (1644) y B. Spinoza (1632-1677) en Ética demostrada según el orden geométrico (1661 y 1675), presentan sus argumentaciones more geométrico.
Por otra parte, los filósofos franceses del siglo XVIII prefirieron el análisis como método de demostración el análisis, basado en el álgebra y no el método geométrico, por ser el lenguaje algebraico más dúctil para hacer predicciones.
No obstante, durante micho tiempo de llamó ciencia a cualquier saber organizado. Aristóteles (384-322 a. C.) llamaba ciencia a la lógica, a la ética, a la física y a otros conocimientos; en la Edad Media era ciencia cualquier conocimiento organizado lógicamente con independencia de su tema de estudio, sin tener necesidad de comprobar empíricamente sus conclusiones ni la existencia de sus puntos de partida. Para Santo Tomás (1224-1274) la teología era la ciencia suprema, se hablaba de las ciencias astrológicas o ciencias alquímicas, etc. En el Renacimiento ciencia se escindió de la teocracia y el hombre comenzó a creer que, por medio de su mente, podía conocer y descifrar los misterios de la naturaleza y todo lo que estaba a su alrededor por experiencia directa.
En el siglo XVI se produjo una vuelta a la división griega del conocimiento, Pero, aunque saber y ciencia (scientia) fueron casi sinónimos durante muchos siglos, en los siglos XVI y XVII palabra ciencia tomó un significado más restringido. Era el barroco, en siglo XVII desaparecieron de la ciencia algunos temas como la astrología, la alquimia, la necromancia y otras prácticas que se movían en los límites de lo empírico y lo esotérico. La ciencia moderna planteaba un conocimiento sistemático y riguroso que buscaba explicar los fenómenos naturales y sociales a partir del uso de la razón, mediante la observación, la experimentación y la formulación de leyes y teorías plausibles sobre el origen y evolución de los fenómenos naturales. Además, sus conclusiones podían ser contrastadas y ser acepadas o rechazadas por su acuerdo o desacuerdo con la naturaleza. En el barroco el método renacentista cristalizó en una nueva ciencia y también permitió la experimentación contrastada con aparatos que permitían hablar e investigar sobre la naturaleza con aparatos de medida que ban más allá de la simple observación de los sentidos como el barómetro de E. Torricelli (1608-1647), el telescopio de Galileo (1564-1642), el microscopio de A. Leuewenhoek (1632-1723), los hemisferios de Magdeburgo de Otto von Guericke 16022-1686).
Cuando la ciencia moderna apareció en el siglo XVII el conocimiento racional ya se había desprendido de ramas de investigación de dudosa justificación como la astrología, que se ocupaba de la influencia de los astros en las personas según se observara el firmamento el día de su nacimiento; las artes adivinatorias en todas sus versiones: el tarot, la numerología o la influencia de los espíritus en la vida de los hombres.
En el Renacimiento además de despertar el espíritu crítico y considerar la razón humana como el instrumento capaz analizar métodos y creencias y tuvo enormes avances que favorecieron la difusión y la ampliación del conocimiento racional. La reforma protestante (1517) de M.Lutero (1483-1546), la imprenta (1450) de Gutenberg (-1568), el rescate de los textos griegos y latinos (el saber clásico aunque se conoció en poco tiempo se gestó en varios siglos), el descubrimiento de América (1592) , la obra revolucionaria de A. Vesalio (1514-1564) que con su obra La Fabrica (1543) revolucionó la enseñanza de la anatomía al centrarse en la experiencia práctica atentando contra el principio de autoridad de los clásicos, como Galeno, se propusieron nuevas teorías como N. Copérnico (1573-1543) propuso la teoría heliocéntrica en De Revolutionibus, Miguel Servet la circulación de la sangre, W. Gilbert (1544–1603) la Tierra como un imán,
A partir del XVII el conocimiento ha significado conocimiento probado; probado bien por el poder de la mente o por la evidencia de los sentidos. La sabiduría y la integridad intelectual ha exigido que el científico no deba realizar aseveraciones no probadas y que minimizáramos (incluso en nuestros pensamientos) el bache entre la especulación y el conocimiento establecido. Las teorías y las hipótesis tenían que ser puestas a prueba (Lakatos)
Pero la ciencia es un árbol que crece, se amplia y cambia apareciendo nuevas ramas. La ciencia experimenta y acepta nuevas ramas y teorías. En la ciencia han aparecido nuevas teorías la física de Newton, la teoría de la relatividad de Einstein, la teoría del calórico, el calor como energía, la existencia del éter, la teoría del vacío, la prevención de enfermedades con vacunas, la homeopatía. Ciencias y teorías que han sido aceptadas o rechazadas en el corpus científico.
Uno de los problemas clásicos de la filosofía de la ciencia es lo que se conoce como la demarcación científica, que consiste en la búsqueda de criterios para decidir que es ciencia y que no lo es. Aunque no existe un único criterio universalmente aceptado para resolver esa duda la búsqueda de criterios de demarcación es crucial para evaluar la credibilidad de las afirmaciones y para comprender la naturaleza del conocimiento científico. Además, conseguir la acreditación de científico da prestigio social y facilita la aceptación de sus opiniones.
¿Qué es lo propio de la ciencia? ¿Qué es ciencia y qué no lo es?¿Cómo crece la ciencia? ¿Cuándo se rechaza y abandona una teoría científica? ¿Se puede aceptar como una rama de la ciencia la teletransportación? Ahora que las ondas lo atraviesan todo ¿Aceptaríamos una línea de investigación sobre la lectura del pensamiento? o ¿Un programa de clonación para vivir eternamente?
