
Cuando se dice que una teoría científica ha cambiado radicalmente nuestra manera de ver el mundo, solemos imaginarnos un salto revolucionario, que modificó nuestra manera de pensar y de interpretar el mundo y nuestra relación con todo lo que nos rodea. El ejemplo más característico es de revolución científica es la Revolución Copernicana, que fue cambio conceptual y científico radical que propuso N. Copérnico en 1543 en su obra De revolutionibus orbium, al reemplazar el antiguo modelo geocéntrico en el que la Tierra inmóvil ocupaba en el centro del universo por el modelo heliocéntrico, en el que el Sol estaba situado el centro del universo y la Tierra era un planeta más que giraba a su alrededor.
Tan importante como el cambio de punto de vista fue el hecho de que erosionó la consideración preponderante del ser humano como pieza fundamental en el mundo. El hombre ya no era el centro del universo y podía haber perdido el supuesto papel importante en la creación divina. Por otra parte, con la desaparición de las esferas cristalinas no había lugar para colocar la corte celestial tras las estrellas fijas. Además, nos abrió la mente a la aceptación de realidades que estaban más allá de nuestras sensaciones y a matizar más las diferencias entre el conocimiento mediante la fe y por la razón.
Pese a la publicación de De Revolutionibus, la aceptación de que la Tierra se movía realmente alrededor del Sol no fue inmediata, sino que fue un proceso gradual que duró más de un siglo en el cual se implicaron muchos astrónomos y matemáticos y en que se realizaron grandes avances científicos, se mantuvieron intensos debates culturales hasta que se produjo la aceptación institucional como teoría científica que representaba la realidad.
La teoría tuvo muy pocos seguidores al principio y la mayoría estaba a favor del modelo geocéntrico, aunque que presentaba algunas cuestiones difíciles de salvar. Pero el sistema geocéntrico era coherente con la física aristotélica, que era compatible con las observaciones y disponía de un aparato matemático funcional matemáticamente.
Además, como la esfera exterior del cosmos aristotélico-ptolemaico era la de las estrellas fijas y no se observaba paralaje desde la Tierra las estrellas debían ser enorme y, por tanto, el tamaño del universo debía ser monumental, algo que muchos consideraban poco plausible. Para muchos astrónomos, esto era una prueba empírica fuerte a favor de la Tierra inmóvil.
Por otra parte, el sistema geocéntrico estaba de acuerdo con la física aristotélica, que sostenía que: Los cuerpos pesados tendían naturalmente al reposo en el centro del universo y una Tierra en movimiento contradecía la idea de movimiento natural y el heliocentrismo carecía de una teoría física alternativa que la explicara
Igualmente, parecía estar de acuerdo con la experiencia cotidiana; la Tierra no parecía moverse, porque no se observaban efectos como vientos permanentes, objetos desviándose al caer, o pájaros quedándose atrás. Sin una teoría de la inercia, el movimiento terrestre parecía incompatible con la experiencia diaria.
Además, el sistema geocéntrico de Ptolomeo era útil: Predecía posiciones planetarias con bastante precisión., Era útil para calendarios, astrología y navegación y algo importante el geocentrismo encajaba mejor con lecturas tradicionales de la Biblia, La Tierra como centro tenía un fuerte valor simbólico y teológico.
Factores impulsaron el copernicanismo:
Dejando aparte a Aristarco de Samos (310 a. C. – 230 a. C), discípulo del Liceo aristotélico en Atenas, el geocentrismo se mantuvo como doctrina vigente durante casi veinte siglos. El geocentrismo vigente y la división del mundo en sublunar y supralunar hizo sostener dos teorías diferentes, una para el mundo supralunar, que había obligado a sostener una teoría astronómica complicadísima, donde todos los movimientos supralunares que eran invariables y eternos y respondían a la geometría tenían que ser circulares la circunferencia es la figura perfecta
Los movimientos los cuerpos celestes que, observados desde la Tierra, no eran circulares, como el movimiento de los planetas, tenían que explicarse añadiendo esfera sobre esfera, de manera que la teoría se componía de una farragosa composición de movimientos en circunferencias y, por tanto, respetuoso con los presupuestos metafísicos del momento.
En este contexto propuso Aristarco una teoría heliocéntrica, en la que la Tierra efectuaba el doble movimiento de rotación sobre su eje y de traslación alrededor del Sol: ya no era la esfera de las estrellas fijas la que se movía alrededor de la tierra, sino que era la Tierra la que giraba sobre sí misma y alrededor del Sol. Ese cambio de punto de vista simplificaba la explicación de los movimientos de los planetas
Si atendemos a la simplicidad, la teoría de Aristarco habría tenido que ser aceptada, pero no fue así, su teoría apenas fue discutida, de hecho, fue rechazada, sin discutir apenas sobre ella, la mayoría de los astrónomos decían que, si la Tierra girara alrededor del Sol, la esfera de las estrellas fijas debía observarse una paralaje, a lo largo del año, desde diferentes puntos, con lo cual se observaría un movimiento en ellas. Y eso no se observaba, lo que, a ojos de los astrónomos ortodoxos, era razón suficiente para rechazar la propuesta de Aristarco. Se cree que éste contestó a la objeción aduciendo que la tierra y las estrellas se encuentran a una distancia tan inmensa que el efecto de la paralaje no podía ser observado. (Estaba en lo cierto: sólo gracias al telescopio puede observarse el fenómeno de la paralaje)
Otra objeción deriva de admitir la separación del mundo supralunar y el mundo sublunar. El mundo supralunar se caracterizaba por ser perfecto, eterno e inamovible y era mucha osadía colocar a la Tierra, donde predominaba el cambio, la generación y la corrupción en un mundo tan plagado de perfección. Ese mundo supralunar, lleno de armonía no podía verse contaminado por la Tierra, lugar de cambio, de nacimiento y muerte. Subir la Tierra a la esfera de las estrellas fijas suponía un sacrilegio, un gesto de impiedad con el que en ese momento ni siquiera se consideró bregar.
El ejemplo de Aristarco pone de relieve la importancia que han tenido elementos no estrictamente científicos a la hora de continuar con una misma teoría o cambiar el paradigma científico.
Astronomía era una variante de la geometría en la que no estaba la preocupación de sus descripciones de los movimientos planetarios con deferentes y epiciclos fueran fieles a la realidad simplemente eran constructos geométricos para hacer predicciones lo más parecidas posibles y salvar las apariencias. El copernicanismo desafiaba las interpretaciones bíblicas de católicos y protestantes, de hecho M. Lutero (1483-1546) y Ph. Melanchthon (1497–1560), lo vieron como una locura. Las ideas y argumentos de Copérnico sobre una astronomía que reflejara la realidad circularon en copias manuscritas entre sus amigos y colegas en su obra Commentariolus, obra de poco más de cuarenta páginas escrita algo antes de 1514. Por lo tanto, las ideas de Copérnico comenzaron a conocerse antes de la publicación de De Revolutionibus (1543), aunque Commentariolus, nunca fue impresa durante su vida. La opinión de Lutero se refleja en estas palabras:
«La gente le prestó la oreja a un astrólogo advenedizo que buscó demostrar que la tierra se mueve, no los cielos en el firmamento, el sol y la luna (…). Este loco desea revertir toda la ciencia completa de la astronomía; pero la escritura sagrada nos dice [Josué 10:13] que Josué comandó al sol quedarse quieto, y no la tierra».
Dentro esta atmósfera religiosa hostil hubo descubrimientos científicos de vital importancia para la aceptación del copernicanismo
- Observaciones telescópicas de Galileo: En 1610, Galileo descubrió los satélites de Júpiter (Ío, Europa, Ganímedes y Calisto) con lo ponía de manifiesto que no todos los astros giraban alrededor de la Tierra. También observó las fases completas de Venus, sólo explicables si Venus giraba alrededor del Sol. También descubrió las montañas de la Luna y manchas solares, lo que ponía de manifiesto que ni los astros ni los cielos no eran perfectos. Estas observaciones debilitaron los pilares aristotélicos del geocentrismo.
- Leyes de Kepler (1609–1619), que, utilizando las medidas precisas de Tycho Brahe (1546-1601), descubrió la realidad de cómo era el movimiento de los astros en los cielos: las órbitas eran elípticas, no circulares. Halló también la relación matemática entre el período orbital de un planeta y el radio (semieje mayor de la elipse orbital). Y obtuvo predicciones planetarias mucho más precisas que las de Ptolomeo o Copérnico. Eliminación de excéntricas y epiciclos innecesarios.
- Con el copernicanismo se abrió el camino a la Nueva física de Newton (Principia (1687)) y explica: con la gravitación universal y la ley de inercia se proporcionó el marco físico que faltaba al heliocentrismo y se explicaba por qué los planetas orbitaban alrededor del Sol o por qué la Tierra podía moverse sin que los objetos salieran despedidos.
- d) Explicación unificada del movimiento: Unifica el movimiento de la Tierra y los cielos bajo las mismas leyes. Elimina la separación radical entre mundo sublunar y supralunar. Esto lo hace conceptualmente más poderoso.
También hubo otra serie de factores sociales y culturales que contribuyeron a la difusión del copernicanismo tales como la Invención de la imprenta, que contribuyó a la rápida difusión de nuevas ideas científicas, como sucedió con Sidereus Nuncius (Mensajero Estelar) publicado por Galileo Galilei de 1610, obra en la que publicó sus descubrimientos astronómicos, como las lunas de Júpiter y las montañas de la Luna hechos con telescopio. Este libro cambió la astronomía y la cosmología para siempre y fue una pieza clave en la difusión de la ciencia moderna a través de la imprenta. Sus observaciones fueron cruciales para convencer a los científicos de que el modelo de Copérnico tenía fundamento real. A pesar de ello, la iglesia católica declaró en 1616 el heliocentrismo como doctrina formalmente herética y lo prohibió como enseñanza.
Johannes Kepler (1571-1630) formuló leyes precisas del movimiento planetario entre 1609 y 1619, asimismo, Isaac Newton (1643-1727), con su Principia de 1687, ofreció una explicación física (gravedad) que explicaba por qué la Tierra y los demás planetas orbitaban alrededor del Sol. Estas aportaciones dieron al heliocentrismo una base teórica sólida que la comunidad científica empezó a aceptar de forma cada vez más amplia.
Hacia mediados del siglo XVIII, el heliocentrismo ya era el modelo estándar en la ciencia europea. Incluso la iglesia católica retiró De revolutionibus del Índice de libros prohibidos en 1758, lo que refleja que la teoría ya se consideraba científicamente válida y no simplemente una hipótesis matemática.
El copernicanismo produjo un cambio en la autoridad intelectual la ciencia deja de basarse en la autoridad de autores cásicos clásicos como Aristóteles y aumentó la importancia de la observación y la experimentación. Por otra parte, la transformación religiosa que supuso la Reforma debilitó la autoridad única de la Iglesia y generó un incremento en las de interpretaciones bíblicas y, poco a poco, la Iglesia católica reinterpretó los textos en clave no literal. El cambio de mentalidad la aceptación de que la Tierra no ocupaba un lugar privilegiado. Transición hacia una visión descentralizada del cosmos.
Este giro, aparentemente técnico, afectó profundamente la psicología humana porque eliminó la idea de un cosmos antropocéntrico en el que el hombre ocupaba un lugar privilegiado Despertó en las personas una humildad intelectual al comprender que las creencias más arraigadas podían ser erróneas y las personas empezaron a valorar más la reflexión crítica y el cuestionamiento de supuestos. Contribuyó al desarrollo de la apertura cognitiva; aceptar que la Tierra se movía ayudó a que las personas se acostumbraran a ideas que desafían la intuición, potenciando la capacidad de imaginar realidades más complejas. La descentralización contribuyó a reducir el ego cósmico: aceptar que la Tierra no ocupaba una posición excepcional influyó en la manera en que las personas se veían a sí mismas respecto al mundo y a Dios
Se empezó a ver que el conocimiento no es algo fijo ni dado por supuestos heredados, sino que es algo que se construye, se prueba y se cuestiona. La sociedad empezó a aceptar que la verdad científica puede diferir de lo que dictan las creencias tradicionales. Este cambio de mentalidad sentó las bases del pensamiento crítico y la metodología científica moderna.
En la consolidación fue importante el apoyo institucional a la ciencia, a las redes científicas y a las academias científicas como la Royal Society de Londres y Académie des Sciences de Paris. La aparición de revista científicas como Philosophical Transactions de la Royal Society y el francés Journal des Savans. También fueron importantes las necesidades prácticas como fueron mejorar las tablas astronómicas para navegación, cartografía y calendarios, como las Tablas Rudolfinas elaboradas por Kepler eran más útiles.
En suma, el copernicanismo no fue solo una revolución astronómica, sino que fue una revolución científica y cultural y se impuso, entre otras razones, porque explicaba más cosas con menos supuestos, permitía hacer mejores predicciones y tenía una base física sólida que encajaba con una nueva forma de hacer ciencia.
